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La comida de la memoria

20102010-04-04T12:58:22+00:0030000000bSun, 04 Apr 2010 12:58:22 +0000UTC 30, 2008

 

El título me lo dio Félix Hormiga y hablamos ese día del olor y el sabor de las cosas de la infancia. Hablamos de cómo uno vuelve a las comidas con esa rara insistencia de lo que está pegado a nuestra memoria. Las Navidades o lo que queda de ella es una prueba más. Volvemos a comer polvorones aunque se nos claven a las encías y los dientes se revuelvan contra ellos; volvemos a las peladillas aunque estemos una hora dándoles vueltas y más vueltas hasta ablandarlas; volvemos al pavo o al cabrito aunque tengamos que tragarlos a fuerza de bebidas; y volvemos al Rosco de Reyes adulterado y lleno de cremas imposibles. Así es nuestra memoria: capaz de recibir sabores ingratos con tal de recordar aquellos días en que los polvorones eran una alegría y el Rosco de Reyes una costumbre rebosante de sorpresas. ¡Ay aquel rosco amasado en la mesa grande de la cocina y puesto al horno con sus sorpresas doradas ocultas en algún recodo de la harina casera que dejaba el olor metido en las alacenas durante días! Mis tías de Granada escondían una sorpresa de verdad, o sea, de oro puro; pequeñita la sorpresa, pero brillante y deseada por todos. Aún conservo un pequeño joyero con angelitos, corazones y farolillos que ellas envolvían y colocaban dentro del rosco. Y venían los tíos y los primos de todas partes a merendar esa tarde y a buscar en su trozo el preciado tesoro. Ellas murieron hace mil años. Todos murieron hace mil años. Hasta la Navidad ha ido perdiendo ese aire de nieve, de belenes con musgo verdadero, de reyes que avanzaban un pasito cada día acercándose al lugar del Niño Jesús para entregarnos los regalos deseados, pedidos por escrito un mes antes. Se ha convertido en un nuevo carnaval con carrozas, bellezas locales sobre tronos falsos y legionarios de Roma declarando imbecilidades a las televisiones entrometidas capaces de entrevistar durante su cabalgata a los mismísimos Reyes Magos que dan respuestas dignas de hacer despertar de su ignorancia hasta el alma más pura y que declaran cosas inverosímiles hasta para un niño por muy inocente que el niño sea. Sólo los olores que perviven en nuestra memoria nos conducen, aún, al patio y las orquídeas donde la abuela nos mentía sobre los distintos licores que iban a beber Melchor, Gaspar y Baltasar o nos distraía las últimas horas antes del anochecer del día 5 de enero con los preparativos del cubo y el agua y un buen manojo de alfalfa para los camellos mientras de la cocina salían los olores de las almendras molidas y el cabello de ángel que la tía Maruca preparaba para rellenar sus “truchas” benditas.

                                                           Elsa López

                                               Martes 12 de enero de 2010

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Elogio de la piratería

20102010-04-04T12:56:25+00:0030000000bSun, 04 Apr 2010 12:56:25 +0000UTC 30, 2008

No está mal para empezar el año: ir a un TOP manta y comprarme un buen disco o la reproducción de “This is it” con subtítulos en ruso que es lo que nos pasa a los piratas que compramos en un TOP de esos. A los que tenemos alma de pirata no hay cosa que más nos guste que sentarnos en un ordenador y bajarnos películas y canciones de Pasión Vega que canta como los mismos ángeles. Yo soy pirata de nacimiento por parte de madre. Comerciante, discutidora, regateadora hasta dejar al vendedor exhausto, mi madre era un prodigio. Regateaba con los hausas, grandes comerciantes y una de las etnias más importantes del África occidental. Habitaban principalmente en el Sahel y en el norte y centro de Nigeria aunque a Bata llegaban de Camerún, Ghana, Costa de Marfil y Chad para regatear con mi madre. Enfrente de la casa donde vivíamos extendían sus mantas de colores y en ellas colocaban cabezas de marfil, colmillos afilados, bolsos de cuero, zapatos de serpiente y collares y platos de bronce. Era una fiesta en casa. Ella bajaba y subía las escaleras feliz con las mercancías y las iba colocando en el aparador o en la mesa del comedor. Yo miraba su ir y venir y me llegaban sus risas desde la calle como un repique por alegrías. Era un genio mi madre y manejaba la ley del comercio como nadie. Mercadillos, casetas de feria, traperas en las aceras… me transportan a aquellos días de la libre voluntad de ser o pertenecer a la venta y la compra ambulante. Ahora los grandes de la música protestan, gimen y se retuercen al ver sus rostros por el suelo y llaman “mafias” a quienes comercian con sus voces o el ritmo de sus caderas. Pero se engañan. Las casas de discos, los agentes y los comerciantes son los verdaderos piratas. Los que venden por la calle, los que se copian canciones o películas porque no tienen otro medio de verlas o escucharlas, son unos desgraciados que no tienen los euros que necesitan para poder ser felices durante unos minutos. Los piratas de la calle, como los del mar o los del interior de Castilla La Mancha, son unos genios que conocen el arte del trapicheo y viven gracias a él. A los únicos piratas de nuestro alrededor que hay que tenerles miedo son a los que nos matan a trabajar por dos duros, a los que nos secan la sangre para comprarse ellos un buen yate que los lleve a alta mar a quitarles la comida a los pescadores de ribera. De esos hay que huir siempre y robarles cuanto se pueda y cuanto esté en nuestras manos.

                                               Elsa López

                                   Martes 5 de enero de 2010

Desconfiar de la justicia

20102010-04-04T12:51:55+00:0030000000bSun, 04 Apr 2010 12:51:55 +0000UTC 30, 2008

 

                                               Desconfiar de la justicia

No son dioses. Son jueces. Nada más. Una profesión como pueda ser la de médico o ingeniero o pedicuro, solo que con una clara diferencia: lo que ellos deciden puede cambiar nuestra vida y la vida de quienes nos rodean. También los médicos, y, si me apuran, también aquellos que nos componen los pies, porque unos callos maltratados pueden amargar la vida de todo el que vive alrededor. Ahora bien, lo de ser juez parece más importante. Ellos mismos se encargan de hacer grandes panegíricos sobre la justicia y sus distribuidores para que pensemos que son únicos, imperecederos e inmortales. Y uno va al juzgado como si fuera al cadalso: arrastrando los pies, asustado y tembloroso. Tanto si denuncias como si te denuncian, siempre te crees culpable de algo. Son ellos los que crean esa incomodidad para sentirse necesarios. Quienes hace siglos fueron la imagen del equilibrio y la virtud como ya indicaban las imágenes que difundían su buen quehacer, se han convertido en una mala estampa de esa mujer de ojos vendados para no ver y que no le influya lo que ve. Ya no corren buenos tiempos para esa fama. Ahora los ciudadanos se pregunta quién los ha colocado ahí, qué clase de oposición aprobaron, quiénes se creen para darse ese aire al margen de la sociedad que juzgan; qué los avala, qué conocimientos, qué aprendizaje, qué memoria para retener temas y leyes. Y si así fuera, ¿eso los convierte en buenos jueces? Ya no nos lo creemos. Ya sabemos que muchos se equivocan y que algunos mienten y juzgan precipitadamente. Debemos respetar la independencia de la justicia, su estupidez, no. Porque si echamos una ojeada a la prensa de un solo día podemos detectar las consecuencias de varios “errores” judiciales como la muerte de una mujer porque el juez no estimó oportuno dictar una orden de protección después de varias denuncias y de que la policía hubiese contactado con ella al menos 12 veces; o cómo uno de los traficantes de mujeres más peligrosos de Europa salió de la cárcel porque los jueces pensaron que regresaría en contra de la opinión de fiscales y de las víctimas que después de ser tatuadas con sus iniciales en el cuello, obligadas a operarse los pechos y a abortar, ahora se esconden aterradas por culpa de ese “error”. Ladrones en la calle, asesinos en nuestro portal, traficantes en nuestro vecindario y golfos con trajes de Armani y relojes de oro sentados a nuestra mesa. Ese es el resultado de tanta barbarie sin corregir, de tanto juez sobornable y de tanto compadreo en las salas de justicia. Gracias a lo cual hemos aprendido a no temerlos. Lo que ya es bastante.

Elsa López

2 de febrero de 2010

Pingüinos homosexuales

20092009-06-09T10:45:07+00:0030000000bTue, 09 Jun 2009 10:45:07 +0000UTC 30, 2008

 

Ni elecciones europeas, ni estadísticas. La única noticia feliz de la semana la ha proporcionado una pareja de pingüinos homosexuales. ¡Qué buen ejemplo para los humanos que siguen dándole vueltas al tema! La naturaleza, como siempre, ha venido de nuevo a darnos un ejemplo de comportamiento. En un zoológico alemán, en la localidad portuaria de Bremerhaven a orillas del mar del Norte, hay varias parejas de pingüinos homosexuales. Una de ellas estaba deprimida y el cuidador puso un huevo de un pingüino de Humboldt que había sido rechazado por una mala madre pingüino para que ellos lo incubaran. Así se hizo, y funcionó. Las dos aves lo adoptaron y se preocuparon de empollarlo con gran cuidado hasta el nacimiento del polluelo. La vida diaria de la pareja consiste en alimentar a su bebé con la papilla de pescado que regurgitan alternativamente, limpiarlo y darle calor y cariño hasta que la cría alcance la edad adulta que para ellos es la mejor prueba de amor maternal. La pareja, Z y Vielpunkt, está feliz y se preocupa de su vástago como lo haría cualquier pareja heterosexual de la misma especie, según ha informado un portavoz del zoológico. Pero la cosa no acaba ahí. Unos cuidadores del zoo Polar Land de Harbin, al noreste de China, decidieron celebrar una boda por todo lo alto entre dos machos (¡Ay, si Mao levantara la cabeza!). La pareja se hizo famosa en noviembre cuando sus cuidadores se dieron cuenta de que se dedicaban a robar huevos de sus compañeros para incubarlos. Al final, los responsables del zoológico atendieron las necesidades de la pareja y les encomendaron el cuidado de un par de huevos que otra pareja heterosexual no había sabido atender. “Fueron los mejores padres del zoológico”, señaló un cuidador.  “Han sido una buena pareja y se merecían esta recompensa”, justificaba otro de los cuidadores. La ceremonia se celebró al aire libre con invitados y marcha nupcial incluida. En el año 2004, otra pareja, esta vez del zoo de Nueva York, se hizo popular después de que se diera a conocer su romance que duraba más de seis años. Ansiosos de ser padres incluso habían intentado incubar una piedra. Al final, se les permitió hacerse cargo de un huevo y resultó asombroso el cuidado y las atenciones que le dispensaron al polluelo. Los pingüinos son una de las cientos de especies animales, desde abejas hasta humanos, en las que se han observado parejas formadas por individuos del mismo sexo. Y, encima, varios expertos en lo que a pingüinos se refiere, nos aclaran que las compuestas por homosexuales son fieles a su pareja toda la vida. ¡Santo Dios, cómo debe de estar de confundida la  Conferencia Episcopal!

Vivir o morir a los 16

20092009-06-09T10:42:24+00:0030000000bTue, 09 Jun 2009 10:42:24 +0000UTC 30, 2008

Debería titularse: Semana Santa, lacitos blancos y el calvario de los 16 años. Por muchas razones. Había una canción de Violeta Parra “Volver a los 17” que nos ponía los pelos de punta. En sus letras había un regusto amargo, una cierta nostalgia por aquella edad gloriosa cuando el amor nos levantaba los pies del suelo y nos hacía volar por espacios felices, irreales, luminosos. Éramos capaces de amar con todas nuestras fuerzas. El amor a ciertas edades se vive con un ímpetu y una grandeza difíciles de medir y más difíciles de explicar. A los 16 años una muchacha ama y ese amor puede conducirla a parir un hijo, a quererlo, a amamantarlo, criarlo y verlo crecer. Y si es así como funciona la vida debemos estar preparados para afrontar esa vida cuando las cosas no son como soñamos o deseamos que sean. Porque si a los 16 no llega el amor sino la violencia, el castigo, la humillación y el horror de un padre que nos secuestra y viola durante años o de un vecino que nos agrede o de un amigo que nos ensucia y afrenta y hace lo que no debe hacer con nuestro cuerpo, ya no es amor lo que nos rodea, ni vida ni nada, es pura mierda y no hay por qué parir la atrocidad o la incertidumbre. ¿Por qué dejar a esa criatura abandonada a tal ignominia? Porque eso es morir y morir lentamente. Lo demás es cuento y abanicarse con pañuelitos rojos y lacitos blancos. Si a los 16 aman y quieren ser madres, tienen el mismo derecho a no querer serlo. Si tienen edad para decidir si quieren ser madres también la tienen para decidir que no quieren. Si son adultas para unas cosas deben serlo para todo. Y si tienen edad judicial para determinados temas ¡cómo no tenerla para decidir sobre su propio cuerpo! Nadie puede hacerlo por ellas. No debemos hacerlo. Y ante eso no valen videos morbosos y cruentos en el colegio, manifestaciones con pancartas en pro de la vida que más recuerdan peticiones de muerte, y procesiones de Semana Santa con lacitos que convierten los pasos sagrados de la muerte de Cristo en arengas políticas manipuladas por los fariseos y demás guardia pretoriana más que por cristianos que recuerdan pesarosos la difícil agonía de un hombre que intentó cambiar la muerte por la vida. ¿Cómo se lo montan algunas religiones para pedir siempre más sangre? ¿Es que no han leído bien el Nuevo Testamento? Habla de amor y de vida, no de muerte. Algunos obispos deberían volver a leerlo sin saltarse un sólo párrafo. Es posible que, después de hacerlo, entiendan algo de lo que digo.

Van de corbata

20092009-06-09T10:40:41+00:0030000000bTue, 09 Jun 2009 10:40:41 +0000UTC 30, 2008

 

Van de corbata, de uniforme, de bata de hospital, de chaqueta y condecoraciones. Dicen siempre la frase adecuada, la palabra justa, la sentencia certera. Te halagan, te sorprenden, te sonríen. Son caballerosos y atractivos. Te besan los nudillos de la mano con un ligero roce de los labios cuando eres presentada; te abren la puerta del coche y te ceden la entrada en la puerta de los restaurantes; retiran la silla de la mesa donde vas a comer para que puedas sentarte, y no dejan de tener detalles de cortesía y afecto contigo y con todos los que te rodean. Son la envidia de todas tus amigas y enemigas. Pero cuando algo va mal; cuando algo se tuerce en sus negocios, en el trabajo, en la calle, en el despacho o en el coqueto apartamento de la última querida o de la amante de turno, hay algo en él que se trastoca y se altera y se pervierte. Da un giro de ciento ochenta grados y salta hacia afuera el demonio que oculta y duerme en su corazón. Y entonces levanta la voz y la mano, te da con la puerta en las narices, te retuerce el brazo si se te ocurre pasar delante de él, y te muerde la mano que le extiendes para que la beses. En menos de un segundo se convierte en el peor de los maltratadores. Ese que nadie conoce y por esa razón nadie lo imagina capaz de tan mala baba, tan mala sangre, tan mala forma de arremeter contra aquella que hace unas horas era la mujer más halagada y mejor atendida de la tierra y de la urbanización que con tanto lujo habitan. El mismo que ahora grita, humilla, ofende y mata, hace unas horas era la persona más encantadora, civilizada y normal del mundo. Todos los amigos, parientes y vecinos lo corroboran: “era una persona tan educada, tan correcta, tan exquisita…” Si, lo era. Pero ella sabía que detrás de sus gestos, su esmerada educación y sus modales de gentilhombre estaba la bestia acechando el menor descuido de su presa para saltar sobre ella. Ella lo sabía y por eso tenía miedo y por eso conservaba la discreción, el silencio y las buenas formas de quien ha sido educada en la obediencia y en el mayor de los temores hacia los machos de su especie para no despertar en ellos la bestia que llevan dentro. La educaron para que lo aceptara tal y cómo era. “Es tu marido, hija, procura que no se altere”. Por eso nunca lo denunció y cada mañana, antes de darle el beso de despedida camino del despacho, le colocaba el nudo de la corbata.

De cacerías

20092009-06-09T10:36:51+00:0030000000bTue, 09 Jun 2009 10:36:51 +0000UTC 30, 2008

 

Debido a las noticias en televisión asegurando que a los que les gusta la caza la tienen chiquita, algunos cazadores muy machos organizaron una cacería de muflones el domingo en La Palma. Fui invitada por un miembro del PP; la escopeta me la prestó un afiliado del PSOE dado a esto de la cetrería, y en mitad de La Caldera me encontré con varios amigos de Coalición Canaria. De IU no vi a ninguno por aquello de que no hay ninguno a la vista y estar ellos en contra de la matanza de animales vivos, sean de la especie que sean. Con razón. La verdad es que yo no cacé nada, entre otras cosas porque no me gusta matar a quien me mira a los ojos. Pero me interesó mucho la cosa social y parrandera que se organizaba entre tiro y tiro. Los chismes sobre todo. No se imaginan ustedes lo que da de sí una cacería para hablar de cosas importantes. Lo de Isabel Pantoja, por ejemplo, fue desmenuzado hasta sus más mínimos detalles. La mayoría no podía entender cómo aguantó a Julián Muñoz tantos años con esa barriguita cervecera tan predispuesta. Lo de las coplas no parecía importarles lo más mínimo. ¡Qué pena que sólo mi amigo Vázquez Montalbán estuviera interesado por ellas y sus connotaciones literarias y sociales! A nadie parecía preocuparle el tema de las niñas muertas a manos de novios adolescentes o el índice elevado de ensañamiento y asesinatos de mujeres que crece por días; o las torturas de curas y monjas a niños huérfanos en Irlanda, o la bronca especialmente diseñada entre Soria y López Aguilar que va a acabar con la paciencia infinita de este pueblo mío tan dado a aguantar piensos varios. A los invitados lo único que les quitaba el sueño era el tema de las batallas de flores y la elección de reinas primaverales, pero de corrupciones y zarandajas de esas, nada de nada. Hicieron chistes, eso sí, sobre salmones y besugos cada uno dedicado a la parte contraria, pero poco más, que una cacería es una cosa muy seria como para ponerse a hablar de niños violados durante más de un siglo. Fue decepcionante. ¡Yo que me había apuntado a ver si aparecía Garzón y me contaba algo sobre Camps, sus líos de fondo de armario y otras peculiaridades! Ni vino Garzón ni pude soplarle lo que sé sobre la justicia en Canarias, Las Teresitas o el Puerto de Granadilla. Me había preparado hasta una chuleta con cifras, datos, tráfico de influencias y otras pruebas sobre cohechos y prevaricaciones, pero ni apareció por allí. ¡Para que luego digan que va a las cacerías a enterarse de cosas! ¡Qué panda de embusteros!

Los niños de la llave

20092009-06-09T10:35:00+00:0030000000bTue, 09 Jun 2009 10:35:00 +0000UTC 30, 2008

 

El pasado 31 de marzo, doña María Tomás y Garrido, profesora titular de Bioética de la Universidad Católica de San Antonio de Murcia, dio una conferencia en la Universidad de Alicante donde se impartía el V Curso de Ciencia y Sociedad. En su ponencia llamó a los gays “personas enfermas” y aseguró que todo lo que no es heterosexual es “perversión” en referencia a la homosexualidad o la masturbación, entre otras lindezas. “Los gays son enfermos y se hacen por no ligar”. Me imagino que ella quiso decir que los gays se forman como todo el mundo en las cosas de la vida. Osease, vas a un guateque y te quieres ligar a una niña y como no lo consigues, o sea, fallas, pues te haces gay para toda la vida: te enfermas y eso. Resumiendo la ponencia: la homosexualidad la sufre “el típico o la típica que nunca ha tenido una relación con el otro sexo” y que “tras una fiesta e intentar ligar, y no poder, el chico puede quedar muy ‘dañao'” (¿tendrá la señora antecedentes en el mundo del rap?) y pasa “3, 4, 5 años pensando que le pasa algo con las mujeres porque no ha podido (ni se atreve a pronunciar la palabra) y ha sido, simplemente, por un mal uso (tampoco se atreve)”. Pero bueno, no hay que preocuparse, porque la ínclita asegura que es un problema que “se puede arreglar”. En cuanto a la masturbación sus tesis no tienen desperdicio. Dice que el inicio de las “tonterías de masturbaciones” en plena adolescencia se deben a que, por ejemplo, en “el colegio pueden “haberle ‘quitao’ la merienda” (parece guasa) al chaval que la practica. Según ella, son “los niños de la llave” (parece un tango) los que padecen esa “enfermedad”. Están solos, se aburren y hala, a masturbarse y a descubrir “el placer con su propio sexo” por culpa de los padres que están de pingoneo trabajando por ahí para darle de comer a ella que es la profesora y sabe mucho de Bioética. ¡Fuerte, eh! Pues no acaba ahí la cosa. La señora o señorita, con un deje monjil que no se lamía, dijo, sin que se le cayera la sonrisa de la boca y ajena al descojone general, que otro de los ‘problemas’ es el de la bisexualidad para la que recomendó “dignidad” frente a la “libertad” de elegir. El personal se estuvo carcajeando la hora que duró la ponencia. Menos mal, porque con tanto perverso en la sala (gays, masturbadores y bisexuales casi todos) no sé cómo no la sacaron en andas por el Paraninfo o no empezaron a tirarle sillas a la cabeza en un arranque iracundo propio de tales enfermedades.

Los sembradores del miedo

20092009-06-09T10:33:18+00:0030000000bTue, 09 Jun 2009 10:33:18 +0000UTC 30, 2008

 

 Es una vieja costumbre: asustarnos para dividirnos. Hacernos tener miedo de casi todo para que nos paralice el terror a lo ajeno, a lo que nos rodea, a lo que se avecina y así ellos pueden seguir manejando, manipulando, sacando provecho de nuestros temores. Nos anuncian la gripe porcina y se enriquecen las casas farmacéuticas; nos anuncian terrorismos varios y ellos cargan aviones con bombas y armas para aplastar al terrorista de turno, da igual que sea afgano, que turco, que palestino… da igual. Ellos crean al enemigo y nos confunden y cuando los bombardean con las armas que ellos fabrican nos hacen creer que es por nuestro bien para así poder aplastarlos con nuestro consentimiento. Y si un pueblo no quiere a un dictador que los oprime, humilla y condena a la pobreza, ellos lo llaman terrorista para acabar con esa amenaza que hace tambalear sus negocios de exportación de oro y diamantes y se inventan masacres y enfermedades y guerras y ponen a hermanos contra hermanos y siembran la duda y nos empujan a la soledad y al aislamiento y al sálvese quien pueda y predican el odio a los diferentes y nos hacen creer que nuestros conciudadanos no son lo que parecen, que en cada casa hay un asesino, un violador de nuestros hijos, un pederasta, una lobo al acecho; que nuestros vecinos son un peligro en potencia que esconden bombas o pestes o qué sé yo de anormal detrás de sus puertas. Y caminamos con miedo mirando hacia atrás presintiendo pasos de salteadores cargados con navajas o bombas o enfermedades contagiosas. Y ya no puedes besar a los desconocidos por miedo al contagio, ni dar la mano ni un poco de cariño o de comida al que mendiga en tu puerta; y caminas sigiloso y dejas de viajar a los países que ellos colorean de terror y temes que las cárceles se llenen de gente como tú condenada por las injusticias. Y ellos viven tan ricamente recostados en sus buenas mesas y en sus buenas camas sonriendo ante tamaña locura. Ellos no temen a nada porque el miedo lo han inventado ellos para sacarle provecho. Cuando los explotados levantan su voz contra la ignominia que padecen, el mundo y las finanzas que lo mueven a su antojo, se tambalea y, entonces, ellos, nos anuncian el Apocalipsis con toda su caballería de ángeles al galope: guerras, pestes, hambres y muerte… Pero yo me pregunto si todo ese muestrario de horrores no será causado por los mismos de siempre para justificar nuevas cruzadas contra los enemigos de su poder y de su estirpe y así conseguir una buena tajada económica que vuelva a engrosar las arcas del imperio que presiden.

Las comparaciones de Cañizares

20092009-06-09T10:30:49+00:0030000000bTue, 09 Jun 2009 10:30:49 +0000UTC 30, 2008

 

«No es comparable lo que pueda haber ocurrido en Irlanda (…) con lo que está ocurriendo en el aborto. Más de 40 millones de seres humanos destruidos legalmente, cuando la legislación tendría que apoyar el derecho y la justicia» dijo Cañizares, cardenal prefecto de la Congregación por el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El señor arzobispo dice que no es comparable el aborto al abuso de menores. Que los abortos son millares y que la pederastia de la iglesia afecta sólo a unos pocos. Bueno, eso lo dirá él. No la historia ni la vida ni la memoria de esos millares de niños destrozados por los abusos sexuales de los curas católicos de Irlanda y de otros países. Desafortunada comparación la del señor arzobispo. Desafortunada por incierta y desafortunada por impropia en un servidor del señor decir tamaña barbaridad y si no lo cree así o no lo creen así los que secundan sus pensamientos, que vayan y le pregunten a esos hombres y mujeres que sufrieron los abusos, qué piensan de esas palabras. En lo que a ellos respecta debo decir que hubieran preferido no nacer, haber sido abortados que haber nacido y caer en manos del párroco de su iglesia cuando tenían sólo seis años y recordar ahora lo que sintieron y lo que aún sienten: el horror, el dolor, el miedo y la vergüenza, la desesperación, la angustia, la culpa y otra vez el terror al sentir lo que sentían, al verse perseguidos, manoseados y toqueteados por las manos agarrotadas y sucias de monjas, curas y arzobispos y tener que callar y ocultar tales vejaciones para no sentirse condenados para siempre al fuego del infierno. (¡Qué gran novela la de Fernando Delgado De una vida a otra y qué terrible descripción de esos abusos y manipulaciones en unos años en los que nadie sabía nada y nada se decía y en los que el silencio y el miedo de los niños valía menos que nada!).  Millones de niños por nacer valen menos que uno sólo de ellos violado o torturado por aquellos que debieron cuidarlo o protegerlo. Sólo una de esas criaturas herida por los abusos físicos y sexuales y por las torturas psicológicas es más importante que las cien mil no nacidas. Es usted, señor arzobispo, quien hace la comparación. No yo. Yo sólo salgo al cuadrilátero y le contesto con las palabras del Evangelio según San Mateo: “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y lo hundan en lo profundo del mar”. Palabra de Dios.