Morir español

 

 

Allí estaba Jhon Felipe Romero Meneses muerto en acto de servicio por un país que hasta hace poco no era el suyo. Su familia emigró a España y él se vino a morir por ella. El príncipe heredero, tres capellanes, la ministra de defensa, y hasta un jefe de la oposición en primera fila. El padre de Jhon Felipe frente a frente del heredero de la corona mirando fijamente a los representantes de un país por el que su hijo ha muerto. Su rostro parece decir algo. No consigo leerlo. Frente a él, cubierto por la bandera de España, el pequeño Jhon, 21 años, sueños y esperanzas destrozadas. El dolor de la madre, el gesto indescifrable del padre, soldados, profesionales de la política, familiares, y poco más de cien personas bajo el sol y la tristeza de este miércoles de febrero. La madre lleva gafas negras y el dolor balancea su cuerpo. No parece tener dónde sujetarse. El padre repite en alto las frases del padrenuestro que estás en los cielos…La mirada es dura. La novia, la hermana, los amigos y el arzobispo castrense de Colombia se dan la paz. El Regimiento de Cazadores de Montaña del cuartel de El Bruc también se la dan mientras miran pasar el ángel exterminador que sobrevuela el cielo de Barcelona. Muchos tienen los mismos rasgos del soldado muerto. Son indios venidos de las selvas del sur americano. El padre respira hondo. Ni comulga ni se santigua. Mira el cortejo y cómo el heredero coloca la Cruz al Mérito Militar sobre el féretro junto a la gorra y el valor de Jhon Felipe Romero. Bajo los acordes de “La muerte no es el final” sus compañeros colocan la corona al pie del féretro. La madre se desencaja y el padre le aprieta la mano. 10,45 hora española (¿qué hora será allá en Colombia?). Suena el Himno de Las Tropas de Montaña. Soldados de piel oscura saludan militarmente. Llevan boina verde. Todos cantan el himno. La bandera se pliega. La familia recoge la bandera y los enseres del soldado muerto, allá en Afganistán. El padre aprieta la bandera sobre su vientre. Son españoles. Cuando el padre abraza la bandera, lo es. Cuando ella se estremece, lo es. Cuando todos se emocionan cargando el féretro, lo son. Y el cadáver que llevan en sus hombros, lo es. Nadie parece dudarlo. Lo son en el dolor y en la entrega de su hijo a este país que aún tiene dudas al empadronarlos. Era un soldado español y así se le reconoce en la muerte. Seamos justos con ellos en la vida. Que nadie lo dude cuando traten de vivir en nuestro país. Que lo sepan quienes se niegan a reconocerlo.

Elsa López

Martes 9 de febrero de 2010


A %d blogueros les gusta esto: