La esclavitud de Aznar

 

Lo es. Esclavo de su soberbia y de su dedo que él cree invencible. Esclavo de su gesto soez y fuera de lugar. El señor Aznar debería tener el aguante y la discreción que su posición y su ex cargo le confiere. Porque si los ex cobran de nuestro dinero, deben correspondernos con la elegancia que su mantenimiento requiere. Es de cajón aprender a soportar desde un abucheo hasta una crítica contra él. No se puede montar una conferencia y si algunos de los presentes no están de acuerdo con lo que dice o representa perder el control y hacer un gesto de tan mal gusto y que tanto significado tiene entre los españoles. Antes, que yo recuerde, los tacos los decían los de izquierdas, o sea, obreros y gente machacada por la adversidad o por los patronos. Estaban en su derecho aunque el señor León Trotsky dijera que blasfemar y decir tacos era una prueba de opresión más. “El lenguaje blasfemo en nuestras clases socialmente inferiores era el resultado de la desesperación, la amargura y, sobre todo, de la esclavitud sin esperanza ni evasión. El lenguaje blasfemo en nuestras clases altas, el lenguaje que salía de las gargantas de la aristocracia y de los funcionarios, era el resultado del régimen clasista, del orgullo de los propietarios de esclavos y del poder inconmovible. Se supone que los proverbios contienen la sabiduría de las masas; los proverbios rusos, además, revelan su ignorancia y su tendencia a la superstición, así como su condición de esclavitud. “Un insulto se olvida rápidamente”, dice un proverbio ruso, demostrando que no sólo se acepta la esclavitud como un hecho, sino que se está obligado a sufrir la humillación que ella implica. Dos corrientes de la procacidad rusa –el lenguaje blasfemo de los amos, los funcionarios, los policías, grueso y rotundo; y el lenguaje blasfemo, hambriento, desesperado y atormentado de las masas– han teñido toda la vida rusa de matices despreciables.” He citado textualmente por la importancia de lo dicho y su posible aplicación en estos momentos, porque en España se insulta y blasfema cada día más: en las manifestaciones, en la televisión, en los mítines, en las asambleas parlamentarias, en las aulas… Esperancita Aguirre se desmelena y llama hijo de puta fuera de micrófono al enemigo que se le cruza en su carrera por el poder, Aznar hace el gesto surrealista y metafórico de que de den a los que se le oponen, y un tal Neira va de cámara en cámara diciendo que este país es una mierda. No salgo de mi asombro. Luego miro alrededor, digo las barbaridades que digo, recuerdo a Trotsky, y me veo condenada para siempre a la esclavitud.

                                                           Elsa López

                                               Martes 2 de febrero de 2010


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