Los sembradores del miedo

 

 Es una vieja costumbre: asustarnos para dividirnos. Hacernos tener miedo de casi todo para que nos paralice el terror a lo ajeno, a lo que nos rodea, a lo que se avecina y así ellos pueden seguir manejando, manipulando, sacando provecho de nuestros temores. Nos anuncian la gripe porcina y se enriquecen las casas farmacéuticas; nos anuncian terrorismos varios y ellos cargan aviones con bombas y armas para aplastar al terrorista de turno, da igual que sea afgano, que turco, que palestino… da igual. Ellos crean al enemigo y nos confunden y cuando los bombardean con las armas que ellos fabrican nos hacen creer que es por nuestro bien para así poder aplastarlos con nuestro consentimiento. Y si un pueblo no quiere a un dictador que los oprime, humilla y condena a la pobreza, ellos lo llaman terrorista para acabar con esa amenaza que hace tambalear sus negocios de exportación de oro y diamantes y se inventan masacres y enfermedades y guerras y ponen a hermanos contra hermanos y siembran la duda y nos empujan a la soledad y al aislamiento y al sálvese quien pueda y predican el odio a los diferentes y nos hacen creer que nuestros conciudadanos no son lo que parecen, que en cada casa hay un asesino, un violador de nuestros hijos, un pederasta, una lobo al acecho; que nuestros vecinos son un peligro en potencia que esconden bombas o pestes o qué sé yo de anormal detrás de sus puertas. Y caminamos con miedo mirando hacia atrás presintiendo pasos de salteadores cargados con navajas o bombas o enfermedades contagiosas. Y ya no puedes besar a los desconocidos por miedo al contagio, ni dar la mano ni un poco de cariño o de comida al que mendiga en tu puerta; y caminas sigiloso y dejas de viajar a los países que ellos colorean de terror y temes que las cárceles se llenen de gente como tú condenada por las injusticias. Y ellos viven tan ricamente recostados en sus buenas mesas y en sus buenas camas sonriendo ante tamaña locura. Ellos no temen a nada porque el miedo lo han inventado ellos para sacarle provecho. Cuando los explotados levantan su voz contra la ignominia que padecen, el mundo y las finanzas que lo mueven a su antojo, se tambalea y, entonces, ellos, nos anuncian el Apocalipsis con toda su caballería de ángeles al galope: guerras, pestes, hambres y muerte… Pero yo me pregunto si todo ese muestrario de horrores no será causado por los mismos de siempre para justificar nuevas cruzadas contra los enemigos de su poder y de su estirpe y así conseguir una buena tajada económica que vuelva a engrosar las arcas del imperio que presiden.


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