Las comparaciones de Cañizares

 

«No es comparable lo que pueda haber ocurrido en Irlanda (…) con lo que está ocurriendo en el aborto. Más de 40 millones de seres humanos destruidos legalmente, cuando la legislación tendría que apoyar el derecho y la justicia» dijo Cañizares, cardenal prefecto de la Congregación por el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El señor arzobispo dice que no es comparable el aborto al abuso de menores. Que los abortos son millares y que la pederastia de la iglesia afecta sólo a unos pocos. Bueno, eso lo dirá él. No la historia ni la vida ni la memoria de esos millares de niños destrozados por los abusos sexuales de los curas católicos de Irlanda y de otros países. Desafortunada comparación la del señor arzobispo. Desafortunada por incierta y desafortunada por impropia en un servidor del señor decir tamaña barbaridad y si no lo cree así o no lo creen así los que secundan sus pensamientos, que vayan y le pregunten a esos hombres y mujeres que sufrieron los abusos, qué piensan de esas palabras. En lo que a ellos respecta debo decir que hubieran preferido no nacer, haber sido abortados que haber nacido y caer en manos del párroco de su iglesia cuando tenían sólo seis años y recordar ahora lo que sintieron y lo que aún sienten: el horror, el dolor, el miedo y la vergüenza, la desesperación, la angustia, la culpa y otra vez el terror al sentir lo que sentían, al verse perseguidos, manoseados y toqueteados por las manos agarrotadas y sucias de monjas, curas y arzobispos y tener que callar y ocultar tales vejaciones para no sentirse condenados para siempre al fuego del infierno. (¡Qué gran novela la de Fernando Delgado De una vida a otra y qué terrible descripción de esos abusos y manipulaciones en unos años en los que nadie sabía nada y nada se decía y en los que el silencio y el miedo de los niños valía menos que nada!).  Millones de niños por nacer valen menos que uno sólo de ellos violado o torturado por aquellos que debieron cuidarlo o protegerlo. Sólo una de esas criaturas herida por los abusos físicos y sexuales y por las torturas psicológicas es más importante que las cien mil no nacidas. Es usted, señor arzobispo, quien hace la comparación. No yo. Yo sólo salgo al cuadrilátero y le contesto con las palabras del Evangelio según San Mateo: “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y lo hundan en lo profundo del mar”. Palabra de Dios.


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