De cacerías

 

Debido a las noticias en televisión asegurando que a los que les gusta la caza la tienen chiquita, algunos cazadores muy machos organizaron una cacería de muflones el domingo en La Palma. Fui invitada por un miembro del PP; la escopeta me la prestó un afiliado del PSOE dado a esto de la cetrería, y en mitad de La Caldera me encontré con varios amigos de Coalición Canaria. De IU no vi a ninguno por aquello de que no hay ninguno a la vista y estar ellos en contra de la matanza de animales vivos, sean de la especie que sean. Con razón. La verdad es que yo no cacé nada, entre otras cosas porque no me gusta matar a quien me mira a los ojos. Pero me interesó mucho la cosa social y parrandera que se organizaba entre tiro y tiro. Los chismes sobre todo. No se imaginan ustedes lo que da de sí una cacería para hablar de cosas importantes. Lo de Isabel Pantoja, por ejemplo, fue desmenuzado hasta sus más mínimos detalles. La mayoría no podía entender cómo aguantó a Julián Muñoz tantos años con esa barriguita cervecera tan predispuesta. Lo de las coplas no parecía importarles lo más mínimo. ¡Qué pena que sólo mi amigo Vázquez Montalbán estuviera interesado por ellas y sus connotaciones literarias y sociales! A nadie parecía preocuparle el tema de las niñas muertas a manos de novios adolescentes o el índice elevado de ensañamiento y asesinatos de mujeres que crece por días; o las torturas de curas y monjas a niños huérfanos en Irlanda, o la bronca especialmente diseñada entre Soria y López Aguilar que va a acabar con la paciencia infinita de este pueblo mío tan dado a aguantar piensos varios. A los invitados lo único que les quitaba el sueño era el tema de las batallas de flores y la elección de reinas primaverales, pero de corrupciones y zarandajas de esas, nada de nada. Hicieron chistes, eso sí, sobre salmones y besugos cada uno dedicado a la parte contraria, pero poco más, que una cacería es una cosa muy seria como para ponerse a hablar de niños violados durante más de un siglo. Fue decepcionante. ¡Yo que me había apuntado a ver si aparecía Garzón y me contaba algo sobre Camps, sus líos de fondo de armario y otras peculiaridades! Ni vino Garzón ni pude soplarle lo que sé sobre la justicia en Canarias, Las Teresitas o el Puerto de Granadilla. Me había preparado hasta una chuleta con cifras, datos, tráfico de influencias y otras pruebas sobre cohechos y prevaricaciones, pero ni apareció por allí. ¡Para que luego digan que va a las cacerías a enterarse de cosas! ¡Qué panda de embusteros!


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