A la cultura, carbón

 

Llegaron los Reyes Magos. Vinieron de Oriente cargados de metralla. Y a la cultura, carbón. Ella no esperaba otra cosa. Ha sido mala, desobediente y deslenguada. Ha sido lo menos niña buena que imaginarse puedan. Ella lo sabía. “Ya verás, este año, por ser mala, sólo te dejarán carbón”. Y así ha sido. Lo peor es que ni para la lumbre sirve dijeron las vecinas al ver los sacos amontonados en la puerta. Luego vinieron los comentarios: que si la crisis, que si primero son las necesidades fundamentales, que si el tren que irá al sur, que si las constructoras… Los Reyes Magos llegaron con “recortes” y esos recortes los aplicaron (rara interpretación del ahorro) a la cultura. En fin, que nos cerraron el Cine Víctor, El Borrador de cultura del Diario de Avisos, y las bocas de reporteros de prestigio y tronío. En los pasillos de la televisión se dice que no hay dinero y el que tienen lo “reservan” para programaciones ya contratadas que significa algo así como que ellos le dan el dinero a los que les da la gana (es decir, a los mismos de siempre) y no hay ayudas para la ejecución o promoción de programas que no vengan de las productoras ya bendecidas por la administración; no hay subvenciones para editoriales, empresas culturales y páginas de difusión literaria; el gobierno recicla el papel, ahorra en luz y en gastos menores de sus funcionarios y en las ruedas de prensa escatima hasta el agua para los invitados. Ante tal despliegue de ayuno económico uno se pregunta cómo se las arreglan para que siempre ahorren los mismos, es decir, los que ya de por sí ahorran incluso en épocas de bonanza; por qué los recortes se aplican sobre los ya recortados o por qué no recortan, por ejemplo, en proyectos faraónicos fuera de lugar y de contenido; por qué se gastan lo que se gastan en reuniones multitudinarias con más de cuatrocientos invitados traídos del más allá para discutir sobre el sexo de los ángeles y la cultura en Canarias. Cabezas pensantes que viajan en primera, cobran dietas de escalofrío y luego se van diciendo que la cultura en estas islas ni sirve ni avanza. De esos metafísicos andan sobradas estas ínsulas extrañas y gastarse en una reunión para saber qué hacer culturalmente con Canarias una pasta gansa que podía ser invertida en proyectos reales, puede llegar a ser un verdadero despropósito. No queremos circos ni leones. Queremos libros, exposiciones, películas, teatro, conciertos… La construcción real de un mundo donde viven miles de artistas que tienen mucho que ofrecer a un público sediento de algo más que no sean carnavales. Y el carbón para esas cabecitas de indiscutible pedigrí.

 

                                   Elsa López

                            6 de enero de 2009


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