La rabia de los jóvenes

 

Los adultos se preguntan qué es lo que sucede; qué les pasa a los jóvenes que desde hace un mes andan manifestándose por cosas diversas en distintos países y con las mismas actitudes: violencia, ataques indiscriminados y otras manifestaciones a cara tapada o descubierta. ¿Hacia dónde van? ¿Qué quieren? ¿De qué protestan? Estas y otras preguntas se hacen los ciudadanos de muchos países que vivían en una aparente balsa de aceite llamada juventud que hasta hoy se había limitado a beber, a armar ruido en las calles al amanecer, y a dejarse llevar por los acontecimientos como si éstos no tuvieran nada que ver con ellos. Pero de pronto los jóvenes han comenzado a despertar de un letargo indecente que los tenía completamente silenciados a base de actitudes permisivas por parte de la familia o del Estado. Se habían acostumbrado a que todo les fuera concedido: la libertad aparente, la aparente vida de ocio y de lujo, los caprichos, la comida y la mesa. Creían los adultos que con eso iban a mantenerlos tranquilos y dóciles. Creían que perdonando sus faltas de conocimiento, de educación y disciplina iban a estarse quietos eternamente. ¡Qué ingenuidad! El día que esos muchachos comprendieron la absoluta necedad de sus posesiones y la falta de felicidad que creían obtener con los bienes y parabienes que sus padres o la sociedad les daba, empezaron a preguntarse qué hacían; para quiénes vivían; qué les aportaba lo que hacían o dejaban de hacer. Y entonces comenzaron a sentir una rabia intolerable contra aquella sociedad que los había mantenido en el olvido o en la mayor de las inocencias posibles. Y se han echado a la calle buscando otras fórmulas para vivir de una manera diferente a la que han conocido y que ya saben no les va a dar lo que necesitan. Se equivocan, quizá, en la violencia de esas maneras, pero no en el fondo de su búsqueda. Ahora ya saben que han vivido en una interminable mentira y se rebelan contra ella. Ahora ya saben que hay hambre, guerras y desolación y de todo eso tiene la culpa el sistema; y que ellos, tan al margen, tan intocables, tan idiotizados por el alcohol, las drogas y la incultura, han sido manipulados para que éste pudiera seguir haciendo y deshaciendo. Ahora ya saben que no son tan inocentes, entre otras cosas, por haber vuelto la cara hacia otro lado mientras la tierra se desmoronaba. Ahora ya saben que no pueden hacerlo; que la lucha para derrocar esas miserias sólo se consigue golpeando al que las causa. Los adultos se asustan al ver una barricada y contemplar esa rabia. Yo siento deseos de correr hacia ellos y abrazarlos.

 

                                   Elsa López

                        Martes 16 de diciembre de 2008

 


A %d blogueros les gusta esto: