Guerra Santa

La guerra particular de Rouco Varela por colocarnos el crucifijo delante de las narices en escuelas, paritorios y comisarías, amén de universidades, peluquerías y foros internacionales, es algo que empieza a parecerme delito tipificado en el Código Penal. Dice cosas que entran en la lista de lo considerado como incitación a la rebelión de masas pues insiste en colocar a sor Maravillas en el Parlamento a pesar de la voluntad del congreso de no hacerlo; reclama que se coloquen los crucifijos en las escuelas por encima de la decisión de los tribunales y de lo que opinan los jueces; y, para remate, nos llama a la desobediencia civil y reclama nuestras voces y acciones para un levantamiento general. Pero esto ¿qué es? ¿Es que no hay jueces en este país para taparle la boca a semejante alterador de leyes y costumbres? ¿Es que la iglesia en España va a seguir campando por sus fueros al margen del Estado? El escándalo entre los  mismos católicos es de altura y muchos opinan que sus dirigentes han perdido el rumbo. Pero no es difícil volver a orientarlos. Verán, mis queridos hermanos, si reciben dinero del estado, deben acatar las leyes del estado; porque dinero si, leyes no, no es honrado ni es justo, y no hay mayor pecado que la soberbia y soberbia es creer que uno tiene razón y los demás no la tienen. ¿Dónde han leído ustedes tal cosa? ¿En qué extraño Evangelio aparecen tales verdades? Dice Rouco que el crucifijo pertenece a la Historia de España y a su cultura. Pues si, no se lo niego; pero también pertenecen a nuestra cultura Zeus, Apolo, El Corán y otros dioses y símbolos, así como distintas y variadas demostraciones de fe, y no ando yo por ahí pidiendo que las cuelguen por las paredes. Ya estuvieron, ya, y otros llegaron que las descolgaron como hicieron los cristianos cuando se apoderaron de gentes y creencias y destruyeron templos y centros sagrados de culturas que existían en nuestro país antes que llegaran ellos. Dada la falta de memoria del señor Rouco no le vendrían mal unas clases con ilustraciones al respecto para que recordara cuántos símbolos se han paseado por estos lares y de qué manera fueron borrados del mapa. Y así supiera lo que opinamos sobre ese grito suyo de “o se destruye España para quitarlos, o cierran los ojos” que nos suena a guerra santa. ¿Qué le parece si la otra mitad de España por la que siente tanto rencor le cantara aquello de “Si los curas y monjas supieran la paliza que les vamos a dar….” y así volvemos a montarla que es lo que da la impresión que desea con tanto empeño?


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