2% El doble de cultura

   

 

La camiseta lleva impresos esos datos. La gente menuda y joven lleva puesta la camiseta. Yo me pongo la camiseta por solidaridad con los organizadores de esa 5ª feria de la edición en Canarias y VI encuentro de editores canarios que acaba de celebrarse con tanto éxito de público y contenido en la ciudad de Santa cruz de Tenerife. Todos nos paseamos por la ciudad con ese lema sobre nuestros corazones. Somos conscientes de lo que ocurre y de lo que va a ocurrir y por eso sabemos que los gobernantes vuelven la cabeza cuando pasamos por su lado. ¿Cultura? ¿Y eso qué es? ¿Cómo se come eso? ¿Con qué nos comemos la cultura? Preguntas y discursos sobre la actividad cultural y sus consecuencias nefastas sobre el proletariado: que nadie se alimenta de la lectura; que nadie se gana el jornal leyendo o aprendiendo o soñando; que esas son actividades pequeño burguesas; que más vale una fábrica de tuercas que da de comer a doscientos obreros que un museo con cientos de artistas colgados de sus paredes o una gran biblioteca… Quizá por eso lo primero que se quema en las revoluciones son los libros. Grandes piras de libros que simbolizan la cultura de un pasado que nadie quiere aceptar ni remover. La gran mentira de la demagogia política es esa: culpar a la inteligencia de lo que sucede cuando lo que sucede (guerras, muertes, torturas…) depende de la ignorancia, de no conocer la realidad que nos circunda, de no querer leer ni conocer lo que piensa el otro. Los políticos planean los presupuestos en razón directa a las necesidades ciudadanas y de ellos mismos en algunos casos; y sus apartados son para carreteras que no nos llevan a ninguna parte si no sabemos a dónde vamos; puentes que atraviesan lugares que no quieren que veamos; educación que no desean que tengamos, etc. Y se olvidan de que la cultura, además de satisfacer el ánimo, da de comer a mucha gente. Que la cultura verdadera (no bailes ni cohetes que, por cierto, también dan de comer a unos cuantos) alimenta almas y cuerpos por igual y que, para no olvidarnos, la falta de cultura crea seres indefensos ante la avalancha de informaciones, propuestas, mentiras, discursos y palabrería de quienes nos roban el pan y los libros para que nos traguemos esa gran mentira de las dictaduras que opinan que los pantanos dan más agua y la filosofía más sed. A Franco le gustaba. Sólo que Franco no sabía cuál era la sed de la que nosotros hablábamos y que sólo se aplaca con la justicia de un buen reparto de los bienes comunes. Y la cultura es uno de ellos.

 


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