Tiene narices

            Tiene narices

Es el tema de las portadas de las revistas del corazón de esta semana. En ellas se habla sin cesar de las narices de doña Letizia, de cuál es la nueva situación de la misma en el rostro sin par de la señora, de su perfecta armonía, de su incomparable posición, de su mejoría en lo que a suavizar el resto de rasgos se refiere.  La dama aparece en todas partes y en colores diversos mirando, sonriendo apenas, por quioscos y librerías de tierra, mar y aire, amén de los programas del maldito chismorreo en las cadenas de televisión. Este nuevo look le confiere, según los analistas expertos en imagen y otras sandeces, una nueva manera de estar, de contemplarnos a todos desde su altura semi real. Bueno, qué les puedo decir desde mi lugar de observación excepto que me invade la tristeza por la penuria de tal noticia que, fundamentalmente, no nos interesa a la mayoría de los ciudadanos con un mínimo de sentido común. Está bien que se opere si es lo que le sale del órgano en cuestión, es más, creo que ha hecho bien, porque las tenía algo afiladas y fuera de contexto, lo que le hacía parecer perdida entre tanta nariz roma. Y creo que si se ha operado la barbilla, como algunos malintencionados quieren hacernos creer para convencernos del poco aprecio que de sí misma tiene y así de paso quitarse el perfil de brujilla de papel maché que la acompaña, pues mejor para ella y para quien quiera contemplarla detenidamente. Pero no ha lugar que nos la muestren repetidamente desde ángulos tan diversos ni que intenten de manera tan porfiada en hacernos creer que tenía un problema respiratorio y ha sido necesaria la intervención quirúrgica. No es de recibo hablar del tema como si de un asunto de estado se tratara y darle la importancia que tales narices no merecen sobre todo teniendo en cuenta la miseria que muchos españoles empiezan a sufrir y que puede provocarles una pérdida de olfato en lo que a determinados alimentos se refiere, que va a llegar un momento que no van a poder ni olerlos. Ella si. Me alegro y que con sus narices los huela bien, pero que no nos traten como a los tontos y bufones de la corte pensando que vamos a tragarnos esa vaina de la desviación de tabiques nasales. Si lo hizo, bien. Si quiere olfatear el mundo desde otra perspectiva, que lo haga. Si quiere levantar la barbilla sin que le notemos el gesto de desafío constante, pues también bien. Pero sin nuestro dinero. Que tiene narices que le paguemos su falta de amor propio.

 

                                               Elsa López

                               Martes 2 de septiembre de 2008


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