Siempre les llueve a los mismos

 

 

Es un hecho probado. Cuando llegan las lluvias siempre se mojan los mismos. Cuando llueve y llueve mal, el agua arrasa con todo lo que encuentra a su paso: casas, tierras, ganado, seres humanos… Y no sé si se han fijado ustedes, pero lo que el agua arrastra es siempre parecido miren hacia donde miren: las casas de los más humildes, las tierras con cultivos que la mano del hombre y el sudor de los hombres ha conseguido convertir en cosecha, el ganado ajeno que cuidan los pastores y que tienen que llevar a apacentar a diario o el ganado propio que es una parte importante de la vida y la economía familiar, los seres humanos que viven en esas míseras casas de adobe o de tablas o de uralita caliente y que cuidan esos ganados o cuidan esas tierras, etc., etc. Eso es lo que yo veo. La naturaleza se ciega en su recorrido y se lleva por delante a quienes menos tienen, a quienes menos protección y defensa poseen, a quienes viven en las tierras bajas o a la orilla del mar, a los que viven de la pesca o de la miseria ajena, a los campesinos que trabajan para la hacienda de otro y el amo anda lejos en otras ciudades más altas, de menos riesgo, en las casas más elevadas del lugar y construidas con buenas piedras, buenos ladrillos y buenas cubiertas. Las casas del amo nunca se derrumban. Los temporales de lluvia y de viento arrasan las cosechas del que come de ellas, del que vive de ellas; y si son las cosechas del amo, no hay cuidado, que el amo tiene más tierras y más cosechas pero ya la riada se devoró a mis hijos y a mis dos vacas, las que tenía para alimentar a los dos hijos que se tragó la lluvia o la subida del mar o el viento que levantó mis tejados y golpeó a mis hijos y a mis bueyes. Miro en la prensa y en las pantallas del televisor y veo la realidad. Los tornados y los huracanes que asolan una parte del mundo avanzan con la furia y la ceguera de los dioses enfurecidos y no respetan nada. La naturaleza es inhumana y actúa de forma poco selectiva llevándose por delante todo lo que pilla. Está claro. Pero también está claro que aquellos que más poseen, mejores defensas tienen para defenderse de lo mismo que ellos han enfurecido. Los que han trastornado el cielo y la tierra dislocando las temperaturas y los ciclos naturales, son los que mejor se libran de su ira. Los que nada han hecho contra ella, reciben su venganza. ¡Cuánta injusticia!

 

                                               Elsa López

 

                                   Martes 9 de septiembre de 2008


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