La vida manda

La vida manda

 

 

Me lo dijo una mujer del norte de mi isla. Ante una frase mía de desconsuelo o de queja o de resentimiento contra el mundo, ella me soltó esa sentencia popular.” La vida manda, doña Elsa” .Y creo que es cierto. Esas palabras me sirvieron de alivio en aquellos momentos porque supe que su significado era un bálsamo contra muchas cosas. Ella, la vida, está ahí, y es un hecho mágico, irreductible al desaliento. Cuando ya no puedes más, sigues adelante; cuando el dolor o la desesperanza llegan, tú continúas avanzando. De pie, sobre la tierra, y llena de confianza en el mañana. Sabes que el dolor pasará, que la vida de tu alrededor (la vida de otros seres que te rodean) sigue ahí para ayudarte a continuar. No entiendes cómo, pero sigues palpitando. El corazón no se te rompe a pesar del intenso dolor que te invade y la vida misma se encarga de hacerte olvidar, de mitigar ese sufrimiento. Y uno sobrevive, pasa por encima del dolor y saca fuerzas de no sabemos dónde para afrontar los golpes. Siempre queda alguien o algo por y para quien sacar esas fuerzas. Cuando la muerte se propaga a nuestro alrededor uno se cansa de sufrir y se acaba durmiendo, y luego se despierta, y tiene hambre, y se lava las manos, y se dirige al comedor, y come para luego volver al dolor que nos golpea y nos hace tambalear de nuevo. Pero uno sigue a pesar de todo. Y aunque quieras morir tú también, no puedes, porque la vida de los otros ha quedado destruida pero la tuya sigue en pie y aún manda sobre ti. No sé por qué, pero la vida manda sobre la muerte. Aunque nos duela más. Aunque nos cueste el olvido. Porque el dolor no olvida. El cuerpo sólo tiene memoria del dolor en las cicatrices que el dolor deja. Las del cuerpo se ven; las de dentro, las del alma, no. Pero están ahí y uno habla de ellas cuando puede, cuando quiere o cuando lo dejan. Pero realmente cuando hablamos de ello no lo hacemos con la precisión exacta del dolor mismo porque no es el mismo dolor que nos sacudió en un momento dado. El cerebro humano tiene unas maniobras de defensa prodigiosas gracias a las cuales podemos librarnos de esos recuerdos. Sí así no fuera, los hombres no podrían avanzar un solo paso; se quedarían derrotados en el mismo momento que el dolor les alcanzó de lleno. Pero olvidamos. Seguimos caminando. Con cicatrices, pero seguimos. Obedeciendo a la vida.

 

 

 

Elsa López

Martes 26 de agosto de 2008


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