El uso de la ironía

Me acaba de salir una grieta en los talones como consecuencia evidente de mi manía de andar descalza por el mundo. Así de crudo. Ante este comentario sobre un hecho tan nimio y tan frívolo en apariencia se esconden una serie de razones y de pensamientos relacionados con la filosofía, la medicina y el arte que producirían escalofríos en aquellos lectores capaces de leer con los ojos del entendimiento y no con los del cuerpo.

Y  si escribo sobre grietas es porque me han herido en la parte más sensible de mí misma, en el único sitio donde pueden herirme. Porque pueden intentar ofenderme, lanzarme flechas directas al corazón, que no podrán hacerme daño. Estoy bien acorazada, ya lo saben. Pero si ofenden a quienes amo me abren heridas  mortales. Ese es mi talón de Aquiles. Y entonces me revuelvo contra el mundo. Ahora ya entienden porqué soy o parezco una dulce persona y luego ya no lo soy. Porqué me comporto como una dama contenida y emperlada y luego saco las garras y rujo como una fiera volviéndome indigna ante sus ojos. Me han pisado el alma y me han abierto grietas difíciles de curar. Soy de carne y hueso y tengo un talón muy sensible. Digo esto porque algunos lectores de opiniones ajenas deberían hacer un estudio en profundidad de las obras de Epicuro o de Descartes para aprender algo sobre el arte de la ironía. ¡Qué extraños caminos siguen los discursos humanos para llegar a la verdad! ¡Qué grande Larra y Pérez Galdós! ¡Cuánta crítica y cuánta acidez encerraban sus obras! En ellas, los personajes, los nombres de los personajes, lo que hacían y decían, escondía mucho más de lo que aparentemente hablaban entre ellos. Sus críticas contra la sociedad pequeño burguesa, contra los políticos o contra la iglesia hipócrita y ramplona de la época, había que leerlas entre líneas la mayoría de las veces. La sutileza del lenguaje, amigos míos, encierra una gran dificultad en su ejercicio y nunca, queridos lectores, nunca se fíen de aquellos que dicen decir la verdad sólo con decirla, y recuerden que detrás de la sonrisa de la esfinge hay preguntas y respuestas que no todos conocen. Sólo la esfinge. Añado algo más: la mayoría de las veces cuando uno escribe no es de uno mismo ni de su vida de la que escribe aunque diga “yo”. Sólo es un juego de palabras para decir “tú” y representar el papel de miles de ciudadanos que reciclan basuras, cortan el césped de sus parcelas o son ciudadanos corrientes, como ustedes o como yo. Por cierto: no tengo jardín ni grietas en los talones. Es pura ironía.

 


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