Los debates políticos

Para el que entienda y crea en ellos, el de Zapatero y Rajoy es como un vicio. Los preparativos, los medios, los asesores, la familia, el director de imagen… Una pasada. Y luego, tan espectacular ese cruce de mensajes, de respuestas, de réplicas y contrarréplicas, de miradas, de gestos medidos, estudiados, cualificados al milímetro; y ese turno de palabras tan democrático y civilizado en apariencia; y esas cortinas de humo sobre temas delicados y difíciles y casposos que nadie toca; y esa frialdad en el vestir y en el movimiento de cabeza, y de manos, y de… No me interesan en absoluto. Zapatero y Rajoy frente a frente, mano a mano y sin pistolas. No. A mi me gustan los debates a pleno pulmón, emocionantes, rabiosos, a punto de tirarse un contrincante sobre el otro. A mi  me gusta un Zapatero de calle, a micrófono abierto diciendo lo que no debe o debe, que nunca está de más saber lo que realmente piensan nuestros gobernantes sobre ese pueblo imbécil que va a las urnas arrastrado como al matadero sin saber a ciencia cierta a quién vota esta vez. A mi me gusta un Zapatero de carne y hueso riéndose del Rajoy de turno, burlándose de la derecha encorsetada y machacona contra la que hay que hacer la guerra y crear tensión y sacarle los colores y hacerla vomitar tanta iglesia atravesada en el gaznate, tanto muerto sin desenterrar, tanta bandería y tanto himno nacional y tan poca carne en el asador; tanto empresario corrupto nadando sin flotador en Las Teresitas y tanto sinvergüenza suelto tomando copas por la Avenida de Anaga y sin enchironar; tanto señorito de derechas llamando negro al primero que cruza, sea del color que sea, y tanta pija teñida haciéndose llamar de usted por quienes tienen más inteligencia y sentido común que ella. Eso es un debate, señor Zapatero. Así me gustan a mí y así nos gustan a los ciudadanos: derrochando sabiduría pero sin dejar de llamar a las cosas por su nombre; elegante en el decir pero contundente en el agravio al enemigo y no pasarles ni una. Nada de papeles ni de cifras ni de versos de Antonio Gamoneda. Un buen golpe a la mandíbula y a llamar las cosas por su nombre. Que a los mineros de Villablino, a los estibadores de Santa María y a los profesores de secundaria de La Gomera les tiene sin cuidado tanto maquillaje y tanta frase escrita por expertos. Que a ellos y a mí sólo nos sirven las verdades y los puños ante tanta mentira. Lo demás está bien para un país de imbéciles pero no para nosotros que tenemos mucho andado.

 

                                               Elsa López

                                   Martes 26 de febrero de 2008

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