Azafatas

Un directivo de una compañía aérea mediterránea les dice a sus azafatas en una reunión organizada para darles instrucciones y consejos laborales que su trabajo es chupársela a los pasajeros. La aerolínea irlandesa Ryanair desnuda a las suyas en un calendario de la empresa cuyo reclamo es ser “el más caliente del 2008”. Y en Canarias, la directora de Recursos Humanos de otra compañía aérea, les pide a las suyas que adquieran conocimientos de las culturas con las que se codean (será para que no le pongan jamón con las chocolatinas a los musulmanes en pleno vuelo) y en una reprimenda didáctico-laboral les da a elegir entre ser madres o ser mujeres trabajadoras.  Les aclara, por si son tontas y no alcanzan a entender la medida de sus palabras, que están abusando de las leyes que tanto esfuerzo ha costado conseguir; que abusan de la reducción de jornada por maternidad y se acogen a la ley para ser amas de casa. En un alarde de demagogia laboral, les pide que renuncien a esa reducción y se dediquen de lleno a su profesión tal y como ella misma hizo en su momento al anteponer su ambición profesional a todo lo demás. Según esta directiva, la mujer aparca su profesión para hacerse ama de casa, cosa que a ella le daría vergüenza hacer; y les pregunta si la ley costó lo que costó para que luego se haga tan mal uso de ella. Sobre los dos primeros casos poco más hay que añadir. Sobre esa falta de conciencia social del tercer caso, habría mucho que decir. Conozco a ese tipo de mujeres que son más machistas que los propios machos y que anteponen su vida laboral a la personal que en  muchos casos y cuando de una mujer se trata es una vida llena de situaciones a tener en cuenta: se embarazan, tienen hijos, los crían, etc. En cualquier caso, el trabajo ya de por sí duro de las azafatas que tienen que aguantar carros y carretas de los pasajeros díscolos, bravucones y desconsiderados, se agrava cuando la compañía las coloca en almanaques para camioneros, les dice burradas como la citada o las trata como a tontas incapaces de decidir por sí mismas. “Ha costado mucho que se considere a este colectivo como profesionales y no como objetos sexuales” ha señalado el Instituto de la Mujer. Y añade: “No creo que la compañía hubiera presentado así a sus pilotos” (en evidente alusión al calendario). Y yo remato diciendo que no hay que desnudarse, dejar de ser madres ni chupársela a nadie para ser unas buenas profesionales. Sólo para que las compañías aéreas vendan más billetes y se forren sus empresarios.

Elsa López
Martes 8 de enero 2008


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