Manipular el dolor

MANIPULAR EL DOLOR

 

Me dan asco. Esas discusiones sobre los cadáveres es algo que me da náuseas. Es un tema de debate inaudito y obsceno. Son soldados. En paz o en guerra, es igual, son soldados y han muerto. Pero estos tipos no pierden ocasión de echar algo en cara al gobierno aunque sean cadáveres como en este caso. Sólo que en este asunto se equivocan, y mucho, porque lo que se están arrojando como pelotas son cuerpos humanos. No sé lo que pensará el ejército de todo esto pero yo lo tengo bastante claro: sea lo que sea, fueran donde fueran a caer, era un acto de servicio y dependen del ejercito español. Da igual las medallitas que les cuelguen. Son parte de un ejército y ese ejército lo financio yo y cuarenta  millones de españoles más. Es decir, son algo mío y quiero un respeto para ellos, sus familias, y el ejército en nombre del cual ejercen el oficio. No me parece carnaza para un debate ni para un congreso ni para un político que está en su casa tranquilamente rascándose la barriga. Creo que ya está bien. Creo que el Partido Popular se pasa varios pueblos armando gresca sobre nueve cadáveres. El caso es armarla y ponernos a todos de los nervios. ¿Inhibidores? ¡A mí qué me importan los inhibidores! Ni a mí ni a sus madres nos importan los inhibidores. Pero Rajoy agarró por ahí la cuestión y sin importarle la madre ni el hijo ni la decencia de la muerte, se pone a en plan acusica a delatar al gobierno, a “culpar” al gobierno de la muerte de esas criaturas que estaban allí creyendo que salvaban al mundo de la maldad y del odio y de la sinrazón. Pues si, querida madre, para eso estaban. Y su muerte tiene un sentido muy claro para muchos: nos defendían de algo que se considera malo para nuestra manera de entender la vida. Es algo complicado y difícil de explicar porque, realmente, algunos no tenemos muy claro eso de “entender la vida” porque siempre depende de desde dónde la miremos, pero sí quiero que tenga claro que, se mire por donde se mire, su hijo pensaba que nos defendía de algo y no nos gusta que vengan ahora los políticos de turno a pegarse el lote demagógico a costa de su muerte. Por eso, y en su nombre, señora, me permito el lujo de decirles a los dos: cállese y siéntese de una maldita vez, señor Rajoy. Y usted también, Sr. Zapatero. Y guarden al menos un minuto de silencio por ese hijo mío que aún no entiendo muy bien por qué causa o en nombre de qué ha muerto.

 

                                                           Elsa López

                                               Martes  2 de julio de 2007


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