ojo por ojo y violadas siempre

Una mujer de la provincia oriental paquistaní de Punjab, ha huido de su casa tras dictaminar el consejo de su tribu que ha de ser violada por el padre de una niña de la que abusó su marido. El juicio era contra Rafiq Naunari, padre de cinco hijos que el pasado día 23 fue sorprendido abusando de una niña de ocho años a la que había secuestrado cuando ésta acudía al colegio. El violador consiguió escapar y aún está en paradero desconocido. El padre de la víctima se dirigió a una especie de corte local que, una vez estudiado el caso, rechazó varias ofertas de la familia Naunari para limpiar su honor. Las ofertas fueron dos a elegir: los tres hermanos de Rafiq ofrecieron a sus cuatro hijas en matrimonio al padre de la niña violada o que fuera la esposa de Rafiq la que pagara el delito de su marido siendo entregada al agraviado. Este rechazó a las cuatro mujeres y la corte dictaminó que pagara la deuda la esposa. La mujer logró huir antes de que se ejecutara la sentencia. Aunque las violaciones estén penadas legalmente en Pakistán, en determinadas zonas rurales siguen siendo frecuentes esta clase de veredictos basados en códigos del honor que hacen pagar a las mujeres los delitos cometidos por los hombres de su familia. Ante semejante dislate uno sonríe como expresando incredulidad, como alelado, como si te hubiera dado un aire. Luego pasas al escándalo ante semejante muestra de irracionalidad, de ofuscación o de insensatez, tres pruebas de que las creencias carentes del sentido común (que quiere decir algo así como el sentir de todos y no sólo de unos pocos descerebrados) nos conducen a semejantes barbaridades por muy tradicionales que sean. Al final, la única conclusión que uno saca es que siempre, y no sé cómo y si lo sé no lo digo por si acaso me violan a mí también, somos las mujeres las que pagamos la comisión más alta por querer vivir noblemente. Nos pongamos de frente o de perfil siempre acabamos violadas por los hombres o por las leyes que ellos imponen. Da lo mismo la formulación o el país donde se formulen. Los gobernantes siguen métodos medievales para conservar a raya a las mujeres díscolas y desobedientes. Y el castigo final siempre es el mismo: darles la pena máxima allí donde la pena es mayor por ser la parte más íntima y reservada de su cuerpo: destrozarles el alma destrozando su vagina. En las guerras y en la paz los ejecutores reconocen que ese es el camino más fácil para hacerles perder la vida y la dignidad. Maldigo una vez más a esos legisladores y a quienes los consienten.

 

                                                           Elsa López

                                               Martes 5 de junio de 2007


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