Eliminar la naturaleza femenina

Las noticias son de escalofrío: “El 18% de las mujeres ejecutivas renuncia a su baja maternal”. Y otra más para acabar de rematarnos: “EEUU aprueba la primera píldora anticonceptiva que elimina la menstruación”. ¿Qué pretenden? Muy sencillo: eliminar de la naturaleza femenina todo aquello que les impida participar directamente y a tiempo completo en un mercado de trabajo diseñado por hombres. Las mujeres que deseen ser madres tienen que renunciar a ser alguien en el terreno laboral. Los empresarios no quieren tener bajas ni que sus trabajadores tengan alguna clase de “incapacidad”, y ya se sabe: ser madre es una de esas “taras” que la mujer arrastra consigo. Los hombres son mejores laboralmente porque generalmente no tienen que hacerse cargo de embarazos, partos y enfermedades infantiles. El hecho de que las mujeres se incorporen al mercado laboral no ha servido para nada porque el mercado no está dispuesto a someterse a una realidad que no le garantiza buenos ingresos. Hasta ahí lo entiendo aunque no lo comparta. Lo que no entiendo es cómo las mujeres en lugar de luchar contra ese estado de cosas se limitan a bajar la cabeza y a encogerse ante ellas. La píldora es una trampa mortal y el discurso que la envuelve peor aún: no hay trabajo para las mujeres porque pueden quedarse embarazadas y eso arriesga el capital de las empresas, pues bien, señor empresario, aquí tiene la solución: un certificado de que tomo la píldora para no quedarme embarazada y usted no arriesgue nada. El feminismo moderno no intenta acabar con una sociedad que sigue estigmatizando nuestra propia naturaleza, sino, al contrario, se pliega a sus deseos y se medica para no darle problemas. Tomo mis pastillas y dejo de incordiar con mis reglas dolorosas. Sin menstruación y sin hijos los empresarios me aceptarán mejor. Piensan algunas. Pero la realidad de las mujeres no es esa. La realidad de su naturaleza es otra, y, como tal, debe ser asumida empezando por las mismas mujeres que a veces parecen mirar hacia otro lado para no tener que enfrentarse con el mundo en que viven. Ahora nos venderán la píldora como una salvación para mujeres con dolores menstruales o desajustes hormonales, pero acabarán siendo usadas por otras que quieran desarrollar actividades donde su naturaleza no sea un estorbo como las modelos, las deportistas o cualquier otra actividad donde suprimiendo la menstruación se incremente su rendimiento. Una vez que las mujeres hayan entrado en el juego ya no podrán salir de él. La sociedad, las empresas, el mercado del ocio y el laboral, las devorarán lentamente y cuando se quieran dar cuenta se habrán convertido en carne de una sociedad inventada para engordar sólo a unos pocos.

 

                                                           Elsa López

                                               Martes 12 de junio de 2007


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